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Son las cuatro de la mañana aquí…

Está oscuro, sus ojos aún no se acostumbran a la oscuridad, pero hay luna. Una pared impenetrable de negrura absoluta se levanta ante ella. Está descalza y envuelta como un gusano en su edredón. Como un gusano…

Ante la ventana de su habitación envuelta en su edredón como un gusano —son las cuatro de la mañana— y fuma…

Así se siente,—o mejor dicho, así se ha sentido siempre—

Su edredón es de pluma, es ligero y es de color marrón herrumbroso. Así se siente —o mejor dicho, así se siente ahora—  oxidada.

La oxidación es ese proceso, irremediable, que deviene cuando al objeto no se le da el uso adecuado o no se le brinda el cuidado necesario. A  ese temible cambio de estado  también se encuentra sometido el cuerpo humano con el paso, inexorable, del tiempo,—reflexiona—.
Cierra sus ojos y se imagina en el vientre de su madre, larva no deseada, por el simple hecho de tener cromosomas femeninos. Larva de charco, de aguas residuales, de estanques descuidados. Larva.

—Se recuerda niña como luciérnaga.

                 Luciérnaga… por el día, fea. 

          Luciérnaga… por las noches, bella.

                  — Por las noches—,

                    sólo tú —luna— 

        eras testigo de su metamórfosis.

Ella, la niña, en el patio oscuro de su casa, se cantaba, se arrullaba a ella misma; acompañándose así, con la luz de su inocente fantasía, a su mísera presencia, y se sentía bella; por las noches.
—Da otra calada—  y aviva la llama naranja-azulada de su cigarrillo.
—Aspira— el humo le entra por la nariz  —expira—, una bocanada sale lentamente de su boca e intenta hacer círculos de humo como cuando era adolescente, —sigue recordando—, como cuando era adolescente…adolescente, —evoca—
—Vuelve a cerrar sus ojos, imágenes se agolpan en su memoria—
Sabe que está condenada a vivir en esta —su casa—, en esta casa, en la misma casa, en el mismo lugar, donde lleva ya tantos, pero tantos años, que ya no los cuenta.
En esta —su casa—, con los mismos muebles, haciendo las mismas cosas, visitado la misma gente, recorriendo las mismas calles, hablando de los mismos temas, siendo la misma persona. Hace unos días decidió modificar un poco, ese su microcosmos, y se puso manos a la obra. Decidió cambiar su habitación.
Parada en la puerta, —la observó—, cuántos años llevaba su habitación igual, no lo recuerda, deben de ser muchos.
Lo primero que trasladó de lugar fue su cama, la movió, según las reglas  del Feng Shui, la posición óptima es colocarla de tal forma que se pueda ver la ventana de frente.
Luego mudó los cuadros de pared y se decidió por su tarea más titánica; desplazar el enorme escaparate de caoba.
Se subió sobre una silla y comenzó a vaciar los estantes; en el más alto se encontraban sus carteras —muchas carteras— podría llevar una diferente cada día, los siete días de la semana por algunas semanas, sin repetir —sonrió—, deshacerse de ellas no podría, cada una tiene una historia, son ‘sus carteras’, aunque no las utilice.
Al fondo de ese altillo encontró una caja pequeña azul de madera, —la tenía olvidada—.
Se bajó de la silla y se sentó sobre la cama con ella. Se sorprendió encontrarla allí, la abrió; contenía  fotos de su adolescencia y observándolas se vio «oruga»—.

Volvió a aspirar del cigarrillo, lentamente exhaló el humo y mágicamente en esa cortina se vio nuevamente; se vio «oruga» pronta a ser crisálida, mariposa de un día, mariposa bella, pero efímera, aún envuelta en el capullo de la inocencia, pobre oruga. De todas las fotografías que encuentra, —una le llama especialmente la atención—, la toma en sus manos y la mira detenidamente como queriendo, no solamente recordar, sino sentir, palpar esa crisálida sensible que esperaba el momento oportuno para volar—.

Crisálida de cuerpo grácil, perfectamente modulado, senos y caderas redondos y dispuestos, muslos torneados, etc.  Observa también como su cuello era largo y fino, su nariz ocupaba un gran espacio en su menudo rostro que se perdía en el tupido flequillo que caía sobre su frente; tapándole casi los ojos. Sus labios finos, pero bien delineados están ligeramente rígidos se le ve indecisa y torpe para posar —tal vez, ¿esconde un poco la vergüenza de mostrarse ante el lente de la cámara así, toda ella? —; El resto del cabello lo tiene recogido en una cola de caballo. Lleva un bikini amarillo que realza el color de su piel, su piel color caribe, brillante, tersa, plena de juventud.
—Juventud; piel tersa, brillante con olor a  caribe. Se ve oruga transformándose en crisálida futura mariposa de pocas décadas.
—Abrió los ojos, fijó su mirada en la oscuridad de la noche y, aunque no se podía ver se podía palpar y se sintió seca, la sintió seca —su piel— ya no era tersa:  —ya no se encontraba en su juventud plena.
Lanzó la colilla por la ventana y recordó en ese momento que existen también mariposas nocturnas y ella era ahora una de ellas.
Se veía como esas de color apagado y oscuro buscando un poco de luz, aquella luz que las conduce irremediablemente a la muerte —esa falsa luz era él—.
Esa luz que la encandilaba —era él— esa luz que surgía en sus reminiscencias nuevamente y la hacía sentir gris, enmohecida, relegada en alguna esquina de su vida —era él—.
El olor a herrumbre de sus recuerdos, la entristecía. La entristecía recordar como él la bruñía con su labia.  Como él la bruñía  para en algún momento,  desecharla sin remordimiento.
Cierra la ventana y arrastrando su edredón —como gusano— regresó a su cama sola con desdeño. —El ser humano no es malo cuando es irracional, pues obra a favor de sus instintos; es malo cuando es racional porque prefiere la mediocridad de lo cotidiano antes de disfrutar de sus verdaderos impulsos—.
—Son las cuatro aquí; las diez allá— Espera conciliar el sueño nuevamente . Cuando despierte, desde su cama, verá a través de la ventana el azul hielo de sus recuerdos.
Por T. Luna©

El caleidoscopio


El sol brilla,brilla, brilla. Sale del trabajo ya terminó por hoy.

Es temprano se siente feliz, es feliz, está feliz.

No solamente la vida le dice “Sí”, también la envuelve ese olor: el olor de las grosellas negras, de las fresias y de las rosas de mayo con una nota de fondo de vainilla amaderada, que lo redondea. El cabello lo lleva suelto cae levemente sobre sus hombros; recuerda, que mañana tiene cita en la peluquería; —hebras de argento lo engalanan—.

Se sonrie a sí misma cuando se ve repetidas veces a lo largo de los amplios ventanales de su edificio, donde trabaja ya por tantos años; tantos años. Escudriña victoriosa los vitrales y descubre por lo menos cinco “ellas” ¿Cuál de las tantas será hoy verdaderamente ella? Parece un caleidoscopio cuando el sol brilla.

Lleva pantalones oscuros de corte recto y un sueter azul marino de seda con mangas tres cuartos. Los pendientes de plata, a juego, se los regaló su hermana por su cumpleaños. Ceñido a su cuerpo, recuerda que lleva también otro regalo, y sonríe; es una fina lencería fucsia que, según su espejo, le hace resaltar mejor su nuevo color de piel, ganado a pulso; entre largas caminatas por playas, por dunas de arena, a la orilla de ríos y al rededor de lagos fantásticos ¡qué recuerdos! El sol brilla: se observa, se contempla, se aprecia y se gusta. Está feliz.

La envoltura final es un abrigo Anthrazit oscuro también a juego con sus botas negras de piel; fue su regalo a sí misma de bienvenida al frío. Ambas piezas, las compró en el aeropuerto de regreso a casa.

Hoy, hace tres semanas que regresó a casa —el sol brilla, ¡Cómo transcurre el tiempo, monótono e implacable !— taciturna cavila.

Saca sus gafas de sol y mientras aspira se contempla de reojo por última vez en los vitrales: cruza la calle, se para y observa.

Observa: el cielo, la iglesia, la gente, el reloj…camina, expira. Se ríe, el sol brilla, es feliz.
A su alrededor un remolino de emociones se atosigan unas a otras el “por favor”, el “disculpe”, el “de nada”, el “primero usted”, el “gracias”, están a la orden del día, pero no se miran, no se hablan, no sonríen, cuerpos bien vestidos, pero cansados y enjutos prosiguen. Una vez leyó que en éste país se dice un promedio de cuarenta veces “palabras de cortesía” al día. Es la misma cantidad de veces que ella dice “mi amor”, “mi vida”, “mi reinis”, “cariño” y, no es que esté enamorada; es simplemente que no recuerda los nombres de las personas. Escucha otra vez “disculpe”, “por favor” y se ríe consigo misma. No está loca: no. Simplemente está feliz.

Observa una segunda vez y, qué observa: sus tristezas.

La mayoría —por no decir el noventa y nueve por ciento— se encuentra conectada a sus medios digitales como enfermos desahuciados en estado terminal, son —perdón, somos— se incluye dentro de tan horripilante escenario.

Somos enfermos digitales, somos adictos digitales y lo peor y más grave es que estamos sanos de cuerpo pero robotizados del alma.
Lo confiesa, se confiesa. Ella también es una de ellos; también dice más de cuarenta veces al día “gracias”, camina a paso forzado, no habla con extraños. Es una desgracia, es como ellos. Horrorizada se entristece; su felicidad palidece —necesita escribir—.

Por T. Luna©

Comparto, „Ebullición emocional“, porque la emoción es así…

Pero, ¿Qué es ebullición?

Es el proceso externo que se le aplica al elemento „agua“ para que pase de su estado natural a estado de gas para luego con el choque externo de temperatura se condense nuevamente en su estado inicial „agua“.

Las tres cuartas partes de nuestro cuerpo es „agua“ es decir también pasamos por este proceso físico.

Cuando nos exaltamos, irradiamos la ligereza de nuestro interior; debido a la liberación de oxitocina, (hormona que modela nuestros patrones de comportamiento y nuestros apetitos sociales) que se producirá, cuando pasamos por el proceso del calor (que te ofrece la persona amada, el momento especial, el objeto deseado) creado por esa llama encendida (en su mirada o del momento) y llegando hasta el punto máximo de la temperatura (el placer), donde estas emociones comienzan a bullir (llegando al éxtasis) chocamos con la realidad exterior, que condenablemente hará que, al apagarse esa llama, la temperatura baje y ese sentimiento (volátil) se condense en el estado líquido de las lágrimas.

Porque respiramos, nos oxigenamos y nos rejuvenecemos, —cuando nos encontramos en este estado de ebullición— con ese aire ligero, limpio y puro, mientras estamos atrapados en este pérfido estado, hasta que regresamos al estado original „agua“.

La emoción es así…

a través de Ebullición emocional

La #Lluvia

Quelle: Wikiart Rain Shower, Eyvind Earle

Son lágrimas del cielo.

Son lágrimas del cielo, que llora.

—Son lágrimas del cielo, que llora de felicidad—

Esta frase, la recuerda Teresa de alguna charla que mantuvo con algún sencillo campesino de su región hace ya algún tiempo.

Solo ahora sentada en el diván con una taza de té caliente entre sus manos y observando las gotas que, como perlas acuosas, decoran su ventana, se da cuenta del significado de tan sabias palabras.

Entre sorbo y sorbo rememora aquellas palabras que; la dulce, refinada, caritativa, jovial y extrovertida de su madre le repetía constantemente:

—Tú, pájaro de mal agüero,

—Tú, tan mala eres, que, hasta el sol se esconde para no verte:

—Bicho…

Teresa la recuerda.

Teresa la recuerda a ella.

Ahora es Teresa, la que la recuerda ahora a ella, como el pájaro de mal agüero que tanto pregonaba.

Pero Teresa también evoca ensimismada otros momentos; otros momentos no menos dolorosos, pero por lo menos eran momentos en el que el silencio era su única compañía.

Evocaba ese sentimiento de soledad, cuando caminaba bajo la lluvia llorando, calada, estremecida, sola.

Teresa siente esa soledad, que por las calles desoladas, y con la lluvia de manto, se le posaba en su hombro siendo así su compañía y su pañuelo al mismo tiempo.

Teresa recuerda como aspiraba ese olor a tierra mojada. Y de esta manera oxigenaba sus complejos. Sus complejos de “bicho”, de niña mala, de fea.

Recuerda como caminaba vadeando los charcos y cuando se veía en ellos reflejada, esperaba ver a la otra Teresa, a la Teresa buena, a la inteligente, a la bella, pero ésta nunca se reflejaba.

Solo veía a una fangosa y sucia Teresa recorriendo caminos sola.

Las casas señoriales engalanadas con altas tapias blancas de cal y piedra fingían proteger magníficos y bien cuidados jardines.

Eran ellas las únicas testigos de su paso.

A veces algunas hojas se escurrían de algún árbol insolente, que como ella, habían transpasado la zona marcada por la alta tapia para deslizarse sobre sus cabellos y recordarle que estaba sola, que no había una caricia real que le mitigase sus penas.

Hoy en su diván negro de cuero, que contrasta con el inmaculado blanco de las paredes. Paredes hechas no de cal ni de piedra, sino hechas con amor para protegerla para cuidarla; eran su encuadre perfecto.

En ellas colgaban genuinas obras de arte de algún artista callejero.

Ya nada era falso. Todo es verdadero. Inclusive su felicidad.

En esa habitación en ese momento todo era genuino, sencillamente, genuino.

Y recordaba las palabras de ese sencillo campesino. La lluvia no es más que las lágrimas del cielo que llora de felicidad.

Ahora le recuerda a sus hijas que no hay tiempo malo. Ahora le pide a sus hijas que disfruten de cada gota de lluvia. Ahora les pide que se dejen arrullar a la distancia por ese sonido melodioso. Ahora les pide a sus hijas que aprecien todos los grises sobre ese dorado otoño y se maravillen con su luminoso espectro que brillarán más cuando sus corazones estén limpios.

Ser feliz es una filosofía; no importa cómo esté el día o quién esté con nosotros. Si estamos entre mil, entre dos o con la almohada.

Ama el otoño y sus colores. Ama los dos otoños el del tiempo y el propio.

Ama este otoño porque lo vivió por primera vez dos veces hace un par de décadas.

La primera vez que lo vivió estába enamorada y era inmensamente feliz, porque llevaba por primera vez un ser maravilloso en su vientre y se sentía bella y lo veía todo bello: la luz entre los coloridos árboles, el olor de las castañas recien tostadas, el crujir de las hojas bajo sus botas, los charcos brillantes como espejos eran caleidoscopios de luz.

Ama la lluvia, porque recuerda el sonido golpeando su ventana de joven, pero ahora recuerda también a su segunda hija saltando bajo la lluvia con su vestido azul-reina, ligera, feliz, convirtiendose en una increible mujer.

Ama el otoño, porque en esta etapa del tiempo y de su vida ha comenzado a ser verdaderamente feliz al lado de „su amigo de siempre“. Es una felicidad genuina.

Terminó su té, se levantó y se dedicó a hacer lo que más le gusta: Escribir.

Por T. Luna©

22 veces ELLA


Buscarte, conocerte, sentirte, escucharte, observarte en mis solitarias noches de luna —me entretiene—.

Eres luz, eres madre, eres estrella, eres oscuridad, eres rayo, eres líquida, eres diosa, eres hija,  eres dama, eres halo, eres tiempo, eres hermosa y bella, eres rostro de plata,  eres solitaria, eres mi “YO”.
Me siento “Tú”: soy madre, soy hija, soy oscuridad, soy luz, soy tiempo, soy “soledad”, soy feliz: tristemente feliz y líquida, cuando pienso en tí.
Pálida es mi luz sin tus reflejos nocturnos  ¡Ilumíname! No importa en que lengua. Resplandeciente te me presentas, tú, mi luna cíclica.  Eres esa rueda de plata que me da fortuna.©

A= Âmar (origen árabe), B= Budur (origen árabe),  C= Citlalli (origen azteca),  D= Deva (hidi),

E= (S)elena (griego),  F= Fizza (árabe)  G= Gamria (origen árabe),  H= Hilargi (origen euskera ), I= Iah (origen egipcio),

J= Jyotsh (origen hindi), K= Kamra (origen islámico ), L= Levana (hebreo),  Ll= Llankvkvyen (origen mapuche),

M= Mextli (origen nahuatl), N= Nguyet (vietnamí),  O = Ooljee (origen navajo), P= Pulan (origen chamoru),

Q= Qiuyue (chino), R= Rohini (hidi),  S= Shelena (variante inglesa), T= Taini (origen omaha), U= Uj (yucateco),

V= Varali (hindú), W= Wekuyen (origen checua), X= Xictli (origen nahuathl),

Y= Yohualticitl (origen azteca ),  Z= Zuhra (origen árabe).

Por T. Luna©

Die Hexe

Forest Witch, Paul Klee, 1938 (Quelle:Wikiart)

Hoy la he visto de nuevo con sus dos bolsas de IKEA. Esta empresa (IKEA) debería pagarle por la propaganda “gratis” que ella le hace.

El Slogan sería algo así como:

“En el azul-cielo de las bolsas de IKEA llevas el infierno en tus manos”

Ella va descalza, con una maraña de pelo y, con palo en mano, zarandea su magro cuerpo de lado a lado balbuciando un —no sé qué—.

Mirándola detenidamente, me atrevo a decir que, hasta estilo tiene: Lleva unos pantalones kaki y un suerte de un indefinido color claro, que casi no se puede apreciar por lo mugriento que está, además remata su “look” con una moderna camisa a cuadros rojos y negros amarrada a su escuálida figura.

Nadie se acerca todos la observan. Le tienen, que digo, le tenemos asco.

Es frío, pero no es un solo frío: Son muchos fríos.

Es el frío de otoño calándosele por la planta de los pies, es el frio del ser humano alejándose de la necesidad, es el frío de la conciencia sin piedad.

Ella va de lado a lado, se mueve y nosotros nos movemos con ella.

La evitamos, la rodeamos a una discreta distancia. Se subirá al mismo tren y, todos querremos estar en otro compartimento: Lejos de ella.

Su pestilente olor es insoportable o talvez -¿será el fedor de nuestra propia inhumanidad, lo insoportable? —Me pregunto.

Todos contra todos…

Hasta el chico mudo y discapacitado se siente superior a ella y con derecho a evitarla.

— ¿Quiénes somos?

— Hacemos donativos a lugares tan lejanos, cuyos nombre no podemos, ni siquiera pronunciarlos, pero no vemos nuestra realidad a nuestro alrededor.

Como dijo Saramago, cuando escribió su libro “Ensayo a la ceguera” —„Estar ciego no es no poder ver. Estar ciego es no querer ver—„

Pero ¿qué es lo que quiero o no quiero ver?

Veo porque escribo, no bien, pero escribo. No bien, pero veo.

Entonces estoy ciega “a medias”.

Estoy sentada tipeando este pseudo acto de contrición, mientras intento no ver a la persona que está enfrente de mí.

Es una conocida, pero no me interesa, así como yo tampoco le intereso a ella.

Las dos nos zambullimos en nuestros teléfonos para no ver.

Lo he dicho ya antes, yo también estoy ciega. Estoy ciega “a medias”.

Por T. Luna©

Seja dia ou noite

É o riso , são as lágrimas,
De repente, eu sinto seu cheiro em todos os lugares

Você é tudo isso e muito mais …

É tão difícil para descrevê-lo ?

Eu fecho meus olhos …
Você é eu !

Você é a liberdade

Você é a saudade

Você é a paixão

Você é como algo de novo
Eu sou você

Sem você é estar com você.

Por T. Luna ©

Amigo

Amo fotografiar desde el tren. Y, gracias por esas palabras de aliento.

Letras & Poesía

Me encanta ver que está bien. Regresó a casa, compró un abrigo nuevo y se volvió a enamorar. ¿Lo puedes imaginar?

Volvió a vivir. Porque él sabe, debe y merece vivir. Se acurruca en los rincones de las noches solitarias y me aconseja desde el silencio. Lo hace sin llevarse el crédito, sin llevarse nada, y es todo, menos invisible.

Se regeneró. El universo le devolvió el amor que en alguna ocasión entregó. Digamos que le llegó de sopetón una mañana de octubre.

Siempre creyó en mí, incluso cuando llegaba con cientos de dudas enredadas en mi cabeza. Creyó en los demás; poco y demasiado, pero con una claridad que no he visto en alguien más.

Algunas personas llegan arrasando. Otras, en el momento indicado. Hay también quienes se van a tiempo, casi sin enterarse. Pero como en todo, existe un curso, una fecha de expiración.

Él es un gran…

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Lágrimas corren por su rostro…

Se apodera de “una línea” de uno de sus poemas preferidos…

Para darle esencia a esa forma etérea,  maciza y buena.

Pasea y la observa…

La observa; se detiene…

                       Se detiene y la explora…

La capta con el lente de su cámara.

Ella, expuesta y sensible; llora.

La observa nuevamente…

Observa sus lágrimas pegadas a sus mejillas, y siente su presencia.

Su presencia desnuda…

Se siente ella. La sabe muda, se siente muda.

Las dos tan presentes y tan ausentes.

                   Todo a su al rededor es verde: gira y se mueve…

Solo ellas están allí…a la espera.

             A la espera con sus areolas henchidas.

Dispuestas a ser libadas…

                 por el estro de sus noches fallidas.

La fotografía nuevamente: llora

                    Lagrimas corren por sus mejillas…

La fotografía y observa…

Verde es el cielo, verde es la tierra.

            Verde los cuerpos que en ella se encuentran.

Verde árbol, verde flecha, verde daga, verde niebla.

                     Verde ella , verde él…

Verde el color de su esperanza secreta.

La observa —a ella—: La exhorta…

Un torbellino de imágenes de su memoria escollan:

Verde aire, verde viento, verde pradera…recuerda:

 —Ella, casi con miedo, a su cuello se ciñe, quieta.

Extiende sus manos suaves y  poco a poco….

contra su cuerpo lo aprieta…

                              lo huele, lo aspira, lo besa.

Ahora sus manos libres sutilmente comienzan…

a recorrer su figura;  para ella, perfecta.

Discreta, entonces…con sus uñas…de su cuerpo se adueña.

Llega hasta sus nalgas musculosas; pasando primero por su entrepierna—.

A él, lo cubre el azul zafiro de la noche; a ella la luz de su luna tierna.

De lecho: jadeítas, topacios, esmeraldas y aguamarinas.

Siente frío —siente— Siente vergüenza.

                Siente sus lágrimas rodado por sus mejillas yertas.

Después de amarse bajo el cielo cuajado de brillantes, opales y perlas.

         Se desvanecen sus cuerpos entre sueños irisados…

               Entre sueños irisados de ambar, granates, rubíes y espinelas.

Ella, la fotografía…y pasa.

Ella, con sus senos de estaño, henchidos ,allí se queda.

Por T. Luna©

POESÍA JAPONESA(詩歌)—HAIKU(俳句)

Me maravillo también de la belleza de esa simplicidad complicada. Amé
Con tu permiso comparto, porque me interesa.

POESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

Bueno amigos míos, como ya os he explicado anteriormente, un haiku (俳句) es un poema corto  (Waka) japonés, la métrica es de: 5-7-5-. (Para la métrica tenéis que tener en cuenta la sinalefa y la tilde, si la palabra es aguda añade una sílaba, si es esdrújula resta).
Habla de la naturaleza, del cambio de estación, de cosas cotidianas, de la emoción al captar el instante, no admite subjetivismos, ni lirismos, los poemas japoneses no llevan rima jamás. Tiene kigo (季語), significa : estación del año, ya sea de manera directa ( invierno, primavera…) o indirecta ( nevada, cerezos…) y kireji o corte de pensamiento, es decir, la tercera frase debe cortar a las dos segundas, hablando de otro tema.
A veces para acompañar al haiku se pone una imagen esta se llama haiga (ハイは ).

Para terminar, recordaros que un haiku es una pincelada en el tiempo…

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Entre #Trenes y #Andenes

Entre #Trenes y #Andenes

Entre #Trenes y #Andenes

Entre #Trenes y #Andenes

La métrica en los versos.

“Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.” Simone de Beauvoir.

Quiero agradecer públicamente al blog de „Elegías“ por compartir esta lección express sobre „La métrica en los versos“.

Esta humilde servidora solo escribe por el placer de escribir; sin métrica y sin verso, pero con muchas ganas, lo intento.

Como S. De Beauvoir comenta; me doy cuenta de que es verdad, escribir es un arduo oficio, que no solo basta con querer, sino también se debe tener las ganas de mejorar.

Aunque  debo admitir —a mi pesar— que el requisito primordial es poseer  „el don divino“ de la escritura.

Leer es otro de los caminos a seguir. Me confieso lectora, mas mi desordenada visión o mis apresuradas ganas de plasmar algo es tan fuerte que,  no me doy tiempo a mi misma para una corrección prolija y previa.

Para terminar debo revelar que, cada vez que leo un verso, un poema, un texto, una reflexión, un pensamiento, una anécdota, me siento pequeña y desnuda de cualquier destello de belleza.

No siempre „querer es poder“ Pero cada vez que escribo quiero poder hacerlo mejor. Ojalá, en un futuro no muy lejano pueda crear sin vergüenza y con orgullo. Vuestra Teresa.

 

Origen: La métrica en los versos.