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#16 de julio…

Según Fromm: estar cerca de alguien se puede —metafóricamente— comparar con ese cuerpo celeste discreto y humilde que está allí al lado de la luna, titilando: A este cuerpo celeste sólo se le puede apreciar en las noches plenilunadas.

Metafóricamente, podemos comparar ciertos momentos puntuales en la vida con esas noche plenilunadas y a ese lucero; “las coincidencias”.

Ama leer y, de esas lecturas, le quedan retazos de pensamientos. 

Sabe que las coincidencias no existen, que sólo están allí con el afán de deshacer ese nudo de incertidumbre y ansiedad que te está ahogando por algún motivo en algún momento.

El último fin de semana se encontraba desorientada. 

El motivo es el de siempre; aún no sabe realmente a dónde pertenece. Cada vez se siente más integrada en éste, su nuevo país, y eso le da miedo, porque interiormente se rehusa a ser una de ellos: no sabe el porqué. —Eso la entristece—. 

Se siente amada, se siente querida, se siente respetada. 

Tiene amigos —sus amigos, amigos suyos de ella—

Perdón por la redundancia, pero no son los amigos de su nueva familia. Son su amigos son los amigos de ella.

Son sus aprendientes, sus jefes, su familia, sus hijos, etc. Todo es tan de ella, que le da miedo.

En los últimos años, la colman, la llenan, la siguen, cuando hablan ya tienen historias en común. 

Expresarse en sus dos idiomas, tanto en el materno como en el adquirido ya no es un problema.

El materno, la lengua madre, su primera lengua, ¿cuál es? —se pregunta. —¿Qué define realmente a esa primera lengua? 

—¿Serán las vivencias, las expresiones, los giros, el vocabulario, el dialecto, la familia, los amigos, etc.? 

—¿Qué te identifica exactamente o hasta que punto te identificas realmente?

Hace un par de semana vinieron a su casa amigos, que tienen el mismo país de origen que ella; se conocen ya desde hace algunas décadas; aunque es un grupo muy interesante, hay momentos en los que tampoco siente que hace parte de ese mundo, porque hay muchos recuerdos de infancia que no comparte con ellos, les son totalmente ajenos. 

Su infancia estuvo marcada por el desamor, la crueldad, la opresión, el castigo y sobre todo por la soledad. 

Se sentía como espectadora de su propia vida. 

¿Quién era ella?, ¿quién es ella? —se preguntaba mientras observaba en silencio la mesa. Ella se sentía, metafóricamente, como ese lucerito discreto humilde y titilante, nadie notaba su no presencia.

Hace poco, y con la magia del internet, tuvo contacto con compañeras de su época de adolescente. Faceta desenfadada, colorida, despreocupada, fresca, que transcurrió en otro país, no en el país de su pasaporte, no en el país de su infancia, no en el país de su nacimiento. 

Su adolescencia transcurrió en el país de su padre. 

Gracias al internet y atravesando virtualmente miles de kilometros hasta su nuevo hogar, podía tener contacto con ellas, ¡Qué maravilla!

Sus compañeras aún la recuerdan por lo inquieta que era ¡Qué curioso! Descubrir como ellas la veían durante ese período de libertad infinita tiene su morbo.

A través de las fotos de antaño y actuales se observa y las observa no tienen nada en común, pero se ve como ellas; no tienen nada más en común, solo una apariencia, solo un par de vivencias, no tienen el mismo vocabulario, ni ven la vida como ella la percibe, creen en otras entidades, ella no tiene creencias. 

Su sangre no pertenece a un pueblo pertenece por lo menos a tres. Un tercio de su sangre es tan guerrera como la de ellas. Siempre fue extranjera aún antes de nacer. Esta afirmación la entristece.

¿Quién era ella?, ¿quién es ella? —taciturna reflexiona.

Su biblioteca es pequeña, pero es suya, es el único común denominador en todas las etapas de su vida: libros, libros, libros.

Cuando se siente fuera de lugar recurre a este su lugar y entre-abre sus libros, rememora lugares, momentos, épocas, los consulta, los lee, los re-lee, se entretiene.

Recogiendo su biblioteca, ensimismada, encontró una frase interesante dentro de las páginas de uno de sus libros preferidos y como siempre las coincidencias, inconscientes o conscientes, son las que le salvan la vida.

Es una frase de un poeta ruso, ama la poesía, ¿Quién es realmente? no lo sabe, pero su deseo más grande, después de haberlo encontrado, es el de no perderlo nunca.

Este escritor murió hace poco, pero su frase le llegó hasta la última fibra de su alma.

” Nacer en todos los lugares es, por supuesto, imposible, pero renacer en cualquier parte depende de nosotros mismos”

Esta frase le encendió la luz para iluminar su camino a la aceptación de sus “Yos” con cada época, con cada etapa, con cada período en cada lugar sobre este planeta. Todos cubiertos por el mismo cielo. Todos acompañados por la misma luna.

Solo ella es capaz de echar raíces, solo ella es capaz de permitirse crear sus propias historias. Historias que se escriben en presentes y con la acumulación de presentes armará sus recuerdos, es decir su historia. Solo ella podrá aceptarse así como ella es con sus Yos, sus presentes, sus épocas, sus raíces y sus historias: todas verídicas, reales, propias.

 Moverse entre esas líneas que definen la asimilación cultural y la herencia cultural son muy delicadas. 

Ese “siempre” estar ubicándose entre lo nuevo sin perder lo intrínseco; en el día a día, cada día, todos los días: no es fácil, pero se puede.

Gracias a las “no existentes” coincidencias, esa frase encontrada en ese libro, justamente en el momento en que ella la necesitaba, la hizo sonreír de nuevo.

Gracias “cuerpo celeste y discreto” que estás allí para acompañarla siempre.

Por T. Luna©

La caricia del gato negro

La caricia del gato negro

Bienvenidos a La caricia del gato negro. Un blog con el que pretendo compartir mi trabajo en forma de relatos además de diferentes contenidos relacionados con el arte de contar historias, ya sea de forma literaria o por otros medios de expresión. Y para inaugurar el espacio, os presento el microrrelato que da nombre a esta bitácora:

Gato negro

Entró en la biblioteca y cerró la puerta antes de que la sombra alcanzase el umbral. Con la mano trazó un símbolo sobre la madera sellando el paso. Se acercó a una ventana en cuyo alféizar esperaba el gato negro, que comenzó a frotarse contra su cara. Durante aquella sutil caricia, el hombre le transmitió, en silencio, lo observado al otro lado de la puerta.

—Adelante viejo amigo —susurró— ve y cumple por última vez con tu misión. Les dimos a conocer los otros mundos. Ahora alguien debe escribir y prevenirles. Ella no tardará mucho en abrir los…

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#Lua: desde mi ventana

Der Mond, mein Mond…
Me despierto y te siento.

Siento tu luz fría 

              arrasando mi cuerpo.

Siento tus gélidas brasas 

              en mi corazón desierto.

https://twitter.com/gleis1212/status/887663365908254722

#Tú me importas…

Sentada en su balcón deletrea la palabra “pirograbar”

Sentada en su minúsculo balcón con un cigarrillo en la boca, una copa de vino y su pasatiempo favorito los “crucigramas” descubre la palabra “pirograbar”: grabar algo con un punzón incandescente. 

Observa sobre la mesa dos corazones entrelazados en piedra y piensa en la palabra “cicelar”.  Las dos palabras tienen algo en común “el punzón” que es el objeto del que se sirve el hombre para: transformar, tallar, labrar, moldear esa materia pura y bella a su gusto o a su semejanza. Reflexiona, pero en ese mismo instante son las palabras de su amiga, las que se hacen presentes:

—Si las piedras hablaran contarían tantas historias: historias mudas, historias sordas, historias ciegas, historias, historias triste, historias bellas— 
Ella, amononada, está sentada en ese diminuto balcón, donde no cabe más que una mesa, dos sillas y un tiesto. En el tiesto no hay flores, no le gustan, prefiere las hierbas aromáticas: la albahaca, la menta, la salvia y especialmente el romero, porque, cuando en verano —cerrando sus ojos— aspira, recuerdos de sus caminatas por la empinada cuesta de camino a la #Alhambra, retornan a su memoria. Ese verde granadino, ese verde, le da un toque de vida al gris de ese espacio minúsculo; entre su existencia y la alfombra de asfalto frente a su edificio.

Él retorna a su memoria; Anuarí. Él su escultor, ella su masa pétrea.


El Albaizín, Granada 

Sobre la mesa están dos corazones tallados a mano sobre una piedra; fue un regalo de su amiga, la  escultora, —podría decirse que son dos pequeñas obras de arte.

 Recordó sus #Palabras, ella le comentaba, —que las piedras tienen vida propia, y que no es el escultor, el que les da forma es la forma que le dice al escultor, con cincel en mano, cómo debe esculpirla—. Y, al final, el virtuoso se siente satisfecho al advertir que de esa masa pétrea ha podido rescatar una historia.


Se comparó con la piedra, ella también querría ser repujada por el punzón del «tú me importas» querría que sea la palabra ese cincel que la modele pedazo a pedazo, que la talle y le desvele su verdadera figura interior: que la escuche, que la sienta y que sin importarle la forma se enamore de su obra: Ella.

Pensativa, absorta atraviesa ese espacio infinito hasta llegar allá a ese lugar, donde en vano lo imagina en sus sueños esperándola para bruñirle sus grises. Sus sueños están en blanco y negro, porque para ella, al momento, no hay cabida para el color.

Por T. Luna©