Ahora mismo…


La primavera está llegando “ahora mismo” con una temperatura de enamorados; no está —ni tan caliente como para no poder estar juntos, ni tan fría que no les permita estar separados—.
Una temperatura, arrebujadamente tibia y empalagosamente dulce, que la invita a nutrirse de su alrededor con los ojos abiertos, con los poros abiertos, con los cinco sentidos dispuestos. 

Está llegando la primavera “ahora mismo” y con ella un nuevo ciclo de vida comienza.

Ella odia la primavera, para ella es un infierno, un infierno delicioso.

Debe quemar sus ojos con gotas contra el polen, debe humedecer su garganta seca con bombones de salvia, debe utilizar el spray nasal para respirar.

Pero al mismo tiempo ama la primavera, la ama con delirio.

Todo brilla y con ella todo rejuvenece, todo se viste de bien; de fecundidad “ahora mismo”.
¡Ahora mismo!

Ella es más fecunda de palabras, de ideas, de proyectos. 

¡Ahora mismo!,

lee uno de sus versos, recostada sobre el césped de su parque predilecto.

¡Ahora mismo!,

mirando, con sus maltratados ojos, al cielo.
Lo lee, y, sin poder evitarlo trasciende, ligera, sideralmente hacia él “ahora mismo”. 

Se posa sobre su pecho para escucharlo queda; susurrándole al oido: — ¡Ahora mismo! 

Para ella este “ahora mismo” es “un presente” eterno.
¡Ahora mismo!

Siente su pecho latir, excitado, anhelante…

¡Ahora mismo!

Lates dentro de su pecho; tu pecho.
¡Ahora mismo!

Laten al mismo ritmo dos corazones mudos sonriendo, 

como cuando los ojos cómplices se encuentran entre las celosías moriscas de la Alhambra en secreto.

¡Ahora mismo!
Por T. Luna©

Entre trenes y andenes

Reflexiones entre trenes y andenes

Eu sinto seu cheiro

Seja dia ou noite

Você está aqui:

pulsando , pulsando …

                    Em meus sonhos , em uma canção ,

                    Você é a cor, você é o gusto

                    Você é um conjunto de tudo e de todo.

                    É o riso , são as lágrimas,

          De repente, eu sinto seu cheiro em todos os lugares

          Você é tudo isso e muito mais …

          É tão difícil para descrevê-lo ?

          Eu fecho meus olhos …

Você é eu !

Você é a liberdade

Você é a saudade

Você é a paixão

Você é como algo de novo

                                       Eu sou você

               Sem você é estar com você.

Por T. Luna©

¿De qué estoy hecha?

Estoy hecha de harina pan y café.

Estoy hecha de infancia cale.

Estoy hecha de lágrimas 
sin rimas,
                  de lágrimas no contenidas
                          por risas desmedidas.
Estoy hecha de lágrimas 
sin rimas,
                   al reconocerme sola
               en la esquina de la apatía.

Estoy hecha de harina pan y café.

Estoy hecha de nostalgias,
                        de iras contenidas,
                        de perdones atrasados,
                        de sueños en vigilia.

Estoy hecha de amor,
                        de desamor.
Estoy hecha de alegría y
                        de dolor.

Pero estoy hecha;
me siento,
cuando me tocas,
me huelo, cuando me aspiras.

¿me pruebas?

Estoy hecha de harina pan y café.
Por T. Luna©

Yo...¿De qué estoy hecha?

É mais forte que eu!


Quisiera llegarte hasta allá y,

abrazarte tanto, tanto, pero tanto…

Que nos quedemos allí…

Tú acompañándome en mi oscuridad y yo llenándome de tu luz.

Y sea el silencio tan profundo…

Que sólo el latir de nuestros corazones vivos se escuchen.

Ser dos en uno: ser luna; der Mond

Eres más fuerte que yo.

Por T. Luna©

Historias mínimas: La casa verde (1/5)


La casa verde (como el horror que se vivía allá adentro) era de dos plantas era amplia y solariega. En la primera planta estaba el salón que daba a un gran patio central rodeado de flores con una higuera en la mitad. Al fondo del patio había una puerta que la llevaba a uno de los tres corrales de tierra pisada que tenía  la casa.

En el tercer corral, pasó ella incontables noches castigada, allí debía quedarse, porque se había portado mal, muy mal, porque era una niña mala, pero muy mala que no hacía nunca feliz a su mamá, se podría decir que era una pequeña demonio.

Pero,  ¿qué  mal puede hacer una niña de seis años, siete años, ocho años, nueve años, etc.? —se pregunta ahora—. En la segunda planta quedaban las habitaciones, altas y claras, las ventanas de las habitaciones estaban protegidas con barrotes de madera torneadas; eran los barrotes de las rejas de su jaula de oro.

Está condenada a recordar —maldita memoria—.

Reminiscencias de tormentosas historias aparecen y desaparecen continuamente, pero ya no llora, ahora  quiere escribir sobre ellas. Ella quiere arrancarlas de una vez por todas de su memoria y de su vida. No tiene pena, ni lástima, ni horror, ni dolor, pero tampoco amor. Su amor es frío, es reducido, es sórdido, es duro. No puede darse realmente, solo la fantasía es su realidad, porque su realidad, de niña era tan cruda que de grande no soportaría entregarse nuevamente a ese sometimiento,  no solamente físico sino también psicológico: moriría.

Hoy, por ejemplo; leía en una revista la noticia sobre una persona que fue despedida de su trabajo —un cargo importante— todo parece indicar que había robado dinero a la empresa donde laboraba. Las personas en su compartimento en el tren deliberaban  y se preguntaban, cómo una persona inteligente, competitiva, deportista, bien parecida puede dejarse tentar por algo tan amoral, algo que —se sabe de antemano—  te marcará de por vida.

¿Porqué? —Ella, no lo sabía, no podía responder—. Será insensata y no hará nada para evitarlo. Esa ignominia aguzada, la conoce de su madre; ella también se entregaba casi día a día a la inmoral tarea de maltratar a sus hijos sabía  que lo que hacía no era correcto, pero lo hacía, ¿porqué?

Por T. Luna©

Historias mínimas: Ella y sus recuerdos (2/5)


Recuerda, sin querer recuerda…

Eran cuatro hermanos. Ahora todos adultos e infelices, o más o menos felices, dependiendo del tiempo que permanecieron dentro de esa jaula de oro. La jaula del horror. A Pesar de la extraña vida familiar que compartían, eran niños vivos con mucha energía y se llevaban como hermanos, pero no por mucho tiempo. El instinto de supervivencia y el miedo al dolor, los incitó irremediablemente a separarse emocionalmente. Aunque vivían bajo el mismo techo era muy importante cuidarse de ser castigados, y la traición se valía, eran seres humanos, tenían que salvar sus espaldas a cualquier precio. En esa época el instinto era más intenso a los lazos de sangre, a los votos de hermandad, a la confraternidad. Sólo años después pudo comprender la interacción que se vivía dentro de esa guerra sin cuartel.

Pasadas unas décadas, en su época universitaria, participó en un curso que trataba  “El dilema” como método para medir la conciencia moral en el ser humano y descubrió la teoría de Kohlberger. Esta teoría plantea la siguiente tesis: —Dependiendo, de los valores intrínsecos y del contexto social o familiar en el que se haya formado un individuo, la evolución de su ética moral pueden mutarse perentoriamente—. Este descubrimiento, la llenó de curiosidad y quiso saber más de sí misma.

Para entender mejor su historia y su entorno familiar siguió ese curso con gran atención; se trataba de poner en evidencia como el ser humano, aunque racional, no se diferencia mucho de un animal salvaje. Dependiendo de las circunstancias y de las condiciones en las que se encuentre, su instinto de supervivencia será siempre mayor a su juicio moral. Después de ese semestre pudo, tal vez no perdonar, pero sí entender el porqué de esa persistente rivalidad entre hermanos.

El ser humano se encuentra ante seis niveles morales agrupados en tres etapas y, dependiendo, de las circunstancia y la edad del individuo, este proceso moral puede madurar o decrecer. Y, tanto Ella como sus hermanos, se estancaron en la primera etapa, donde las reglas se cumplen para no desafiar a la autoridad en este caso: la madre. ¡Pobres chicos! Su madre le rendía culto a “la discordia”. Muchos factores ayudaron  con certeza a incentivar su carácter maligno. —No lo sabe—, tal vez la quiere  justificar.

Ella es madre y no puede imaginar como se puede castigar a un niño, así como lo hacia su madre con ella y sus hermanos. Ahora, adulta, deduce que, sólo una mente enferma sería capaz de tan atroz faena. Ese poder del horror en su ojos, esa saciedad de placer al verlos pequeños, sometidos e indefensos, sabiendo que sólo su palabra y su poder eran  ciertos y que no tendrían la más mínima oportunidad de salir de ese martirio,  la completaban. Sólo les quedaba esperar, esperar a  crecer y librarse por ellos mismos de esa tortura. Lo logró, apenas cumplida su mayoría de edad, abandonaría su hogar para siempre, pero los otros tuvieron menos suerte.

De pequeña se preguntaba, ¿porqué para cualquier trabajo se deben presentar siempre papeles y acreditaciones para poder ejercerlo?, pero para la tarea más difícil de todas, la de ser padres, ¿no es necesario?

A veces, cuando los hijos en edad adulta interpelan a esos padres enfermos el porqué de su proceder; su primera respuesta es: —mis padres también me maltrataron—, pero si fue así ¿porqué no intentaron cambiar ese patrón de comportamiento?

El  hombre tiene la esperanza de que en el mundo termine el horror de las guerras, pero ¿cuándo terminarán?

El horror comienza, como en su caso, ya desde el seno familiar.

Hoy es luna llena y ella recuerda…

Por T.  Luna©